Cuando la luz se apaga
La Depresión
No llegó de golpe. Llegó como llega la noche en invierno: un poco antes cada día, hasta que un día ya no recordaba cuándo había sido la última vez que vi el sol. Dejé de contestar mensajes, dejé de bailar, dejé de reconocerme en el espejo.
Lo más duro no era la tristeza. Era el silencio. Sentir que nadie podía entenderlo y que contarlo era una carga para los demás. Así que callé. Y el silencio, cuando se alimenta, crece.
PROYECTO IMPULSO